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lunes, 21 de octubre de 2013

The Body Stealers (Gerry Levy, 1969)

La productora británica Tigon había disfrutado de un gran éxito en su momento con Witchfinder general (1968) y The Curse of the Crimson Altar (1968), pero por alguna razón el productor Tony Tenser decidió que no había necesidad de diversificar y atraer a un mercado diferente, y en verano de 1969 se estrena esta atípica mezcolanza de The Body Snatchers (1956), el fenómeno 007 y, por supuesto, el doctor Who.

Ignorada, vilipendiada y sobre todo olvidada, se trata de un más que interesante producto de la sci-fi británica, a la espera de recibir una edición en DVD en nuestro país:

Cuando dos grupos de once paracaidistas desaparecen a mitad de salto, el hombre del ministerio Hindesmith (Allan Cuthbertson), encarga al General Armstrong (magnífico George Sanders) y al diseñador de paracaídas Jim Radford (Neil Connery, hermano de Sean) buscar un investigador, que será el mujeriego Bob Megan (Patrick Allen), que en un principio no cree que nada misterioso esté sucediendo.

Pero Megan empieza a descubrir cosas extrañas, como que en uno de los lugares de aterrizaje original se encuentre una hebilla del paracaídas, o que la primera noche, en el hotel de la playa, se encuentre con Lorna (Lorna Wilde), una misteriosa mujer que aparentemente también desaparece inesperadamente.

Megan descubre un denominador común: que los once paracaidistas desaparecidos habían sido entrenados para viajes espaciales, y por ello decide detener todos los saltos hasta que se entere de lo que está pasando. Pero cuando uno de los paracaidistas regresa, y muere antes de revelar nada, dos doctores (Maurice Evans y Hilary Dwyer) encuentran radioactividad en su cadáver, y los acontecimientos se precipitan hacia un impredecible desarrollo.

Evidentemente, y aunque estemos lejos de una obra maestra del fantástico británico -pero tan digno como casi todos los productos de aquella época, incluyendo los de la Hammer, y superior a Moon Zero Two, del mismo año, por ejemplo- nos hallamos ante un divertido, solvente y sobre todo, peculiar producto de la serie B más entrañable, con una excelente ambientación, un reparto de lo más british y lograda en el sentido de que se trata de una obra de poco presupuesto, pero resuelta con la suficiente inteligencia como para que el espectador no pierda el interés a través de su hora y media. Único film de su realizador, Gerry Levy, dedicado luego a labores de producción para Attenborough o Pollack, nada menos.


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© Daniel Arana García de Leániz
Octubre 2013

miércoles, 2 de octubre de 2013

Prometheus (Ridley Scott, 2012)

Presentada como un film espectacular, precuela de “Alien” (1979), y dirigida por el mismo realizador, el irregular Ridley Scott, sólo tiene lo primero y lo tercero, muy competentemente, dicho sea de paso. El principio es innegable en su espectacularidad y la trama casi una mera excusa: un grupo de científicos y exploradores emprende un viaje espacial a un remoto planeta, una rara estrella recién descubierta, donde sus límites físicos y mentales serán puestos a prueba. El motivo de la misión es que los humanos creen que allá podrán encontrar la respuesta a las preguntas más profundas y al mayor de los misterios: el origen de la vida en la Tierra. 



No, damas y caballeros, Scott no da ninguna clave específica sobre ese origen. Ni falta que hace. Tampoco molesta la suerte de “sopita new-age” que se da al espectador, a modo de caldo reconfortante. Y no, la película no llega a la altura de las dos primeras películas de “Alien”. En absoluto, pero lo que sí hace es superar con creces a las dos siguientes, ambas bodrios insalvables, dicho sea de paso. 


A pesar de sus defectos (la trama presenta no pocos agujeros, quién sabe si para que se nos dé la respuesta a los mismos en su anunciada continuación para 2015), “Prometheus” cuenta con pasajes verdaderamente arrebatadores. Ahí está su maravilloso prólogo, los quehaceres diarios de David durante el viaje o incluso ciertos instantes sangrientos. Semejantes bondades se benefician de la magnífica puesta en escena del realizador, quien nos brinda estampas en verdad admirables. 

Decíamos al principio, y nos reiteramos, que “Prometheus” funciona como espectáculo, que nos traslada a los tiempos de la extrañada Ripley, homenajeada en la figura del personaje de Noomi Rapace, lo mejor del reparto junto al inconmensurable Michael Fassbender, actor total que se desmarca con otro recital gracias al personaje más complejo e interesante de la cinta, el androide Dave. Como precuela de 'Alien', no existe. Como reivindicación de Ridley Scott, funciona, pues aún queda esperanza de que, con otra historia en sus manos, su perdido estatus de autor -perdido entre filmes nefastos- regrese en forma de aplauso unánime de crítica y público. 

“Prometheus” es, sin que flaquee el pulso al escribirlo, una buena película, tan simplona a ratos como efectiva, y que, por cierto, supera películas de su director como las infames “Robin Hood”, “Gladiator” o “La Teniente O’Neil”.

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© Daniel Arana García de Leániz
Octubre 2013